La idea se fijó en mi mente y en un país en concreto.
Estaba en mis investigaciones sobré donde estudiar y, de repente, Noruega golpeó fuertemente mi rostro. Y, aunque yo no quería que esto pasara simplemente para no ilusionarme, me enamoré completamente. Me dediqué a leer blogs, foros o lo que sea sobre argentinos, o directamente latinos e incluso españoles, viviendo allá; a revisar las páginas web de las universidades y las carreras que yo quisiera hacer. Finalmente, logré contactarme con una chica que, en principio creí que era de allá.
No mucho tiempo después de enviar mi primer mensaje, Bekame (llamémosla así puesto que realmente no sé su nombre) contestó, y fue en ese momento en que me confesó que ella nunca vivió en Noruega, pero que su prometido es de allí y que pronto se mudarán para comenzar una nueva vida. El hecho de no haber estudiado nunca en Noruega, podía perjudicarme, porque quizás no supiera nada sobre ese aspecto, o favorecerme terriblemente, porque como extranjera quizás estuviera interesada en hacerlo. Afortunadamente fue la segunda opción.
Tras relatarle mi idea y la situación acá en Argentina, me felicitó. Suena raro, si. Pero me felicitó. Me dijo que era un gran plan el que había pensado y que, de hecho ella comenzaría a estudiar para convertirse en maestra cuando se mudara. Que Noruega es un país especialmente abierto a los estudiantes y que, lo más probable es que pudiera conseguir un a beca, o sino, y cosa que es más probable puesto que mis investigaciones arrojaron que el Estado Noruego no da becas a estudiantes argentinos, al menos por ahora, podía pedir un préstamo estudiantil cuando llegara allí. Me hizo muy feliz leer que también me alentaba a no darme por vencida con hacerlo y me entusiasmé muchísimo más con la idea, a pesar de que hay algunas cosas que aún no sepa cómo resolver, por ejemplo; si hacer la licenciatura acá en seis años cuando allá podría hacer la licenciatura y el máster, pero si no la hago acá, no podría empezar a trabajar como profesora, y sería de ese trabajado de dónde ahorraría el dinero para irme, aparte de tener la práctica puesto que es lo que quiero hacer de mi vida.
Pero a pesar de eso me invadió también un fuerte miedo de no volver. De conseguir un buen trabajo allá, por ejemplo, y no querer volverme, aunque con respecto a eso puedo consolarme diciéndome que cualquier profesora con un máster en el extranjero sería tomada en cualquier escuela o universidad. Pero el mayor miedo que tengo es el e enamorarme y quedarme, y que mi familia se quede esperando que un día vuelva, que mis padres no puedan ver a sus nietos seguido y que mis hijos no pueda jugar con sus primos, que ni siquiera puedan entender lo que mi parte de la familia les diga cuando le hable.
Sin embargo... tampoco quiero arrepentirme en el futuro de algo que pude haber hecho y sin embargo no lo hice.