Hoy mismo volví de Mar del Plata de un... ¿Podría llamarse pre-viaje de egresados? La empresa que nos lleva a Bariloche el año que viene nos llevó este año dos días a Mar del Plata.
Nos levantamos a las tres de la mañana, fuimos a la terminal y al momento de subir al micro las chicas nos encontramos con algo que, si bien sabíamos iba a estar, no esperábamos fuera así. El coordinador.
Subíamos de a una, de a una lo conocimos, de a una nos saludó con su sonrisa y sus hermosos ojos, pero todas juntas babeamos. Salimos, comenzamos el viaje, y a los pocos minutos nos enteramos que nos faltaba algo: nuestro coordinador junior. Ahí fue que lo conocí.
Paramos en una estación de servicio y él subió, nada prometedor. Muy flaco, a diferencia del otro no daba indicios de gimnasio alguno, unos ojos que se achinaban cada vez que su enorme boca sonreía, una edad indescifrable, a pesar que sabíamos que por ser junior no era mucho más grande que nosotros, y un olor a cigarrillo terrible. No se presentó hasta que pisamos el hotel, y aún así siguió distante hasta la tarde -luego nos enteramos que eramos su primer grupo y atribuimos eso a su comportamiento.- Fue en la tarde que se animó un poco más. Un entrenamiento de cinco minutos y ya nos tiraba toda la onda encima.
Volvimos de la actividad de ese día y todas andábamos de cuarto en cuarto hablando del coordinador , de sus brazos, de sus ojos, de su onda, de su sonrisa... Es muy lindo, y lo sé y lo dije, pero el otro, por alguna razón que ese momento desconocía, no me dejaba de llamarme la atención y sin embargo, eso lo callé. (hago un inciso acá para aclarar que cuando diga tan solo "coordinador" me estaría refiriendo al primero y cuando diga "junior" al segundo).
La noche cayó y salimos de fiesta. Le puso toda la onda, toda la energía, nos hacía reír, hizo su trabajo como tenía que hacerlo. Era un flaco completamente simpático, divertido, oportuno en lo que dice, no podía no fijarme en él. Pero tenia que haber algo... Era raro que estando el otro, le prestara tanta atención a él.
No lo supe hasta la mañana siguiente, cuando los estruendosos golpes dieron contra la puerta de mi habitación. Mi amiga, digamos... No estaba "presentable" para abrir la puerta, así que me levanté, y abrí la puerta. Buen día chicas, ¿todo bien? Era eso. Era su voz y no me había dado cuenta.
Áspera, pero sin ser rasposa, sin que te de esa sensación de que se está destrozando la garganta, de que se está quedando sin voz; grave, pero sin exagerar, recordemos que es joven; y relajada, como invitándote a seguir lo que te diga, a unirte a sus planes. Esa misma tarde, agarró la guitarra y se puso a cantar. Es increíble lo hermoso que pueden sonar ese tipo de voces. Igual de increíble a como son arruinadas.
Lo seguí con la mirada la mitad de esa tarde, lo acompañé junto con un grupo de amigas el resto de la misma, intenté llamar su atención en el boliche...
Fantaseé mucho. Pero por supuesto apenas me miró, estoy acostumbrada.
Para el caso, tampoco voy a volver a verlo y, de hacerlo, dudo que se acuerde habiendo tantas otras en el grupo. Sin embargo, todavía tengo su voz en la cabeza y no puedo hacerla salir.