Mi profesor.
No sé si me gusta, no sé si lo quiero, no sé si lo admiro. Sé que para mi es un ejemplo a seguir... pero ¿por qué exactamente?
Como profesor; una paciencia, una claridad, una capacidad de transmisión asombrosa, joven pero con un carácter que te prohíbe pasarle por encima y, por último, una pasión por su materia y una dedicación y confianza a sus alumnos -y ex-alumnos- admirable. Como persona; bajo perfil, humor negro y una sinceridad siempre bien usada. Tal vez, una autoestima un tanto baja, pero se le olvida al pararse frente a sus alumnos. ¿Cómo es físicamente? A mi parecer, la personalidad hace a un lado su cuerpo.
No suena tan asombroso, ¿no?
Tal vez sea el hecho de que cada vez me encamino más al profesorado y no al diseño... Pero no sería una teoría tan válida, porque no es mi único profesor hombre, ni el único del cual he aprendido muchísimas cosas, de la materia y de la vida. Sin embargo lo siento diferente.
Tal vez me veo reflejada en él.
Tal vez me veo reflejada en él...
Ese pensamiento no llegó a mente sino hasta el momento en que lo escribí. Ahora no sé si eso es algo bueno o no. Las ideas e hipótesis se embotan en mi cabeza. Comencé esta entrada con una idea fija, pero ésta no resultó serlo tanto. Entro en pánico y comienzo a hacerme preguntas para ver qué quitar y qué dejar en este post y, principalmente, cómo seguir y terminar.
¿ Nos parecemos? Me miro hacia dentro y lo veo. Humor negro, perfil bajo... el resto no coincide. ¿Y como profesora? No lo puedo saber, pero si me encantaría tener algo de él como docente.
Y escribo, y releeo, y borro, y vuelvo a escribir y releer, y me vuelvo a preguntar... Y sigo sin saber.
25 de septiembre de 2014
16 de septiembre de 2014
El valor de la palabra
Tal vez sea una persona de valores muy fuertes, pero hay ciertas cuestiones que, hablando bien criollo, me dan por la bolas.
No me digas que vas a hacer tal cosa si no la vas a hacer, porque voy a confiar en que voy a tener lo que me prometiste cómo y cuándo lo prometiste y no lo voy a hacer por vos a menos que haya razones justas. Confío plenamente en lo que una persona dice, porque es lo que yo hago.
La palabra es la ley del hombre, los hombres somos palabras.Y la decepción que me provoca que una persona se falte a sí mismo es enorme, porque es estar despreciándote. Porque es hacer caso omiso de uno mismo.
Tal vez sea una persona de valores muy fuertes en una sociedad que echa todos los valores a bajo.
No me digas que vas a hacer tal cosa si no la vas a hacer, porque voy a confiar en que voy a tener lo que me prometiste cómo y cuándo lo prometiste y no lo voy a hacer por vos a menos que haya razones justas. Confío plenamente en lo que una persona dice, porque es lo que yo hago.
La palabra es la ley del hombre, los hombres somos palabras.Y la decepción que me provoca que una persona se falte a sí mismo es enorme, porque es estar despreciándote. Porque es hacer caso omiso de uno mismo.
Tal vez sea una persona de valores muy fuertes en una sociedad que echa todos los valores a bajo.
7 de septiembre de 2014
Valor en las venas, solo una más que desea animarse a todo
Tan solo dieciséis para diecisiete. Una hermana cobarde pero amada, un padre que no me conoce y no da muestras de querer hacerlo, una madre asombrosa, una escuela un tanto particular, odiada por muchos y amada por mi, profesores que van de frente y sacrifican dos o cuatro horas semanales por un curso que ha llegado a ser clasificado por algunos como "el peor curso que vi en la vida" y profesores que nos han clasificado así y de dieron por vencidos. Y amigas. Amigas por las que daría todo para verlas bien y amigas que dicen serlo cuando en realidad solo son "amigas"
No creo ser una más del montón; sé que lo soy. Pero ésta del montón quiere hacer todo lo posible por no dejarse alienar por el resto del "montón", por ser fiel a su esencia y mantenerse en el camino de la felicidad.
Bienvenidos a mi historia.
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