Mi profesor.
No sé si me gusta, no sé si lo quiero, no sé si lo admiro. Sé que para mi es un ejemplo a seguir... pero ¿por qué exactamente?
Como profesor; una paciencia, una claridad, una capacidad de transmisión asombrosa, joven pero con un carácter que te prohíbe pasarle por encima y, por último, una pasión por su materia y una dedicación y confianza a sus alumnos -y ex-alumnos- admirable. Como persona; bajo perfil, humor negro y una sinceridad siempre bien usada. Tal vez, una autoestima un tanto baja, pero se le olvida al pararse frente a sus alumnos. ¿Cómo es físicamente? A mi parecer, la personalidad hace a un lado su cuerpo.
No suena tan asombroso, ¿no?
Tal vez sea el hecho de que cada vez me encamino más al profesorado y no al diseño... Pero no sería una teoría tan válida, porque no es mi único profesor hombre, ni el único del cual he aprendido muchísimas cosas, de la materia y de la vida. Sin embargo lo siento diferente.
Tal vez me veo reflejada en él.
Tal vez me veo reflejada en él...
Ese pensamiento no llegó a mente sino hasta el momento en que lo escribí. Ahora no sé si eso es algo bueno o no. Las ideas e hipótesis se embotan en mi cabeza. Comencé esta entrada con una idea fija, pero ésta no resultó serlo tanto. Entro en pánico y comienzo a hacerme preguntas para ver qué quitar y qué dejar en este post y, principalmente, cómo seguir y terminar.
¿ Nos parecemos? Me miro hacia dentro y lo veo. Humor negro, perfil bajo... el resto no coincide. ¿Y como profesora? No lo puedo saber, pero si me encantaría tener algo de él como docente.
Y escribo, y releeo, y borro, y vuelvo a escribir y releer, y me vuelvo a preguntar... Y sigo sin saber.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario