Desde medianoche el tema rondaba por mi cabeza, una hora más tarde decidí escribir sobre esto acá. Hoy no fui al colegio, pero igualmente me desperté a las 7.00 y a las 7.40 me decidí a levantarme para poder hacerlo. Son, en este momento en que me siento y empiezo, las 8.39, y solo pienso en Sábato y su célebre frase "No se debe escribir si un tema no acosa, persigue y apasiona". Pero termino este párrafo y me bloqueo, para finalmente decidirme a empezar mi relato de forma clásica; por el principio.
Era de noche y, en vez de estar durmiendo, hablaba con mis amigas sobre religión. Tal vez un tema extraño para unas adolescentes, pero no para nosotras. Nueve mujeres de distintas edades, distintas partes del país, acentos, costumbres e incluso religiones, o creencias. Pero unidas sobre todas las cosas. La charla de esa noche me recordó por qué creo en Dios, y eso es lo que vengo a contar esta vez.
Me crié creyendo por costumbre. Padres católicos, abuela super-católica, escuela de reliogiosas... Mis compañeros de clase y yo creíamos por costumbre, como dije antes mi caso, o no creíamos, por rebelión. Nos pasamos la vida oyendo en la escuela "tenés que creer porque Dios esto y porque Dios lo otro". De niños eso convence pero uno crece y, como todo adolescente, duda, y no sabe si cree o no cree. Ahí es cuando tomamos esa postura de costumbre o rebelión. Costumbre porque es lo que escuchamos toda la vida; Rebelión por ir en contra de lo que escuchamos toda la vida. Vivíamos en ese debate. Uno que debíamos resolver a solas, pero teniendo a medio mundo que conoces encima, chapado a la antigua, diciéndote que tenés que creer en Dios, hacerlo no resulta sencillo.
Las cosas cambiaron cuando llegamos a tercer año del secundario. Nos asignaron un profesor de formación religiosa prácticamente nuevo en la escuela, muy joven y con un nuevo enfoque de la materia. Este nuevo enfoque suponía para nosotros un cambio importante en la manera de trabajar y junto con su exigencia solían desembocar en discusiones. Él y mi curso, exceptuando algunas personas, se llevaban muy mal.
Fue un día que uno de los chicos le preguntó qué haría o qué pasaría si Dios en realidad no existe, nunca sabré si quiso ponerlo a prueba o si solo quería perder tiempo. El profesor detuvo su clase, y simplemente le contesto que no le importaba, que no consideraba una pérdida de tiempo haber hecho las cosas bien aunque fuese impulsado por una mentira. Pero una de las frases que me quedó más grabada y que creo puedo incluso citarla textual fue: "Ustedes pueden creer o no, nadie lo obliga. A mi me hace bien pensar que Dios existe. Ustedes verán después si lo hacen, es cuestión de tiempo."
Nos dio libertad, ese espacio que la otra gente ocupaba. Y después de eso cada uno pensó y reflexionó. Algunos no lo oyeron y hoy siguen sin saber qué hacer, muchos otros todavía siguen pensándolo. A mi por mi parte no me tomó mucho tiempo.
Tal vez no me apegue a las costumbres y tenga un par de ideas propias y cosas que cuestionar, pero a mi me tranquiliza creer en Dios. Por algo somos y hacia algo vamos, y pensar que de ese algo del que vengo es solamente un coincidencia física y que ese algo al que voy es la nada me desespera.
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