Mi padre y yo nunca fuimos unidos.Es más, creo que rozamos la categoría de "desconocidos" para el otro.
La gente siempre dice "no es que no le importes, él está trabajando todo el tiempo para darte de comer" y bla bla bla. Eso lo tengo claro, pero que trabaje no significa que no puedas hablar con tu hija aunque sea.
Él no me conoce y tampoco de muestras de querer hacerlo. No le pido que se interese en lo que digo, pero algo menos finja escucharme.
Cada cosa que intenté para acercarme siempre las evade, las posterga o las ignora. "Pa, quiero aprender a tocar la bateria.", "Pa, quiero que me enseñes a tocar la guitarra", "Pa quiero que me enseñes a tocar el teclado", "Pa, me tenés que enseñar a manejar", "Pa, quiero tocar el bajo". Y solo escuché de respuesta: "Si si, cuando vaya a clases te averiguo", "Si si, cuando vuelva de trabajar todas los noches nos sentamos y te enseño", "Si si, todos los domingos vamos a sentarnos con el teclado para que aprendas", "Si si, cuando sea verano y no ande tanta gente por la calle te enseño a manejar", y a lo del bajo, silencio. Tuvo que decirle mi vieja que quería tocar el bajo para que me tomara en serio y, cuando pensé que por fin iba a pasar, empezaron las críticas: "¿Para qué querés tocar el bajo?", "No tiene sentido", "¿A quién te querés parecer'", "No entiendo por qué querés aprender eso". Perdoname papá, pensé que amabas la música.
Con mi hermana la historia es diferente. La que la abuela adoraba porque era hermosa, flaquita, simpática, sabía dibujar, pintar, bordar... Para él, la artista que canta hermoso.
La separación de mis padres no ayudó tampoco, triplicó la distancia entre mi padre y yo. Me sentí libre al no tenerlo en casa. Pude bailar, cantar, gritar, llenar todo de pitura y retazos de tela, ir vestida como quería -si quería vestirme-, descalzarme, tirarme donde hiciera más frío o más calor sin importar si ese lugar no era una cama, hacer todo lo que no podía hacer antes porque a él le molestaba. Y todo era más tranquilo y me encantaba.
Ahora todos los domingos, exceptuando algún que otro día que "se sienta mal", tengo que sentarme en la misma mesa que él con mi hermana, mirando mi plato mientras escucho como hablan de canto y música como si no estuviera, esperando mi turno de contar algo que me hubiera ocurrido en la semana, para que, cuando empiece, él tome su celular y deje de oírme. Lo comprobé, puedo preguntarle tres mil veces algo mientras estoy hablando y él ni siquiera levantará la cabeza. Pero después habla con mi mamá porque está deprimido, y pasa como hoy que no almorzamos con él y ella nos pide que le mandemos un mensaje diciendo que lo extrañamos y en mi interior solo pienso en cómo voy a montar una mentira tan grande.
Debería mandarle el mensaje igual, no deja de ser el hombre que me alimenta y que me dio la vida... Pero por qué tengo yo que preocuparme por él cuando él no se preocupa por mi? El tampoco me manda un mensaje preguntándome cómo estoy, o cómo me está yendo en la escuela, a estas alturas ya no pido conversaciones profundas.
Ya... Lo pensaré un rato más y veré que hago.
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