25 de diciembre de 2014

"Para que vuelva a ser como antes"

Tener a mi padre en casa no trajo más que beneficios económicos, salidas, cenas en restaurantes elegantes, caros regalos. Tal vez un par de risas más de las habituales, pero enojos diez veces más furiosos que los acostumbrados. Su carácter y quejas y nos pone a todas de malhumor. Aguantarlo significa para mi la felicidad de mi madre, pero ¿que clase de felicidad puede existir en la frase "vas a ir por que no quiero tener más problemas con tu padre"?
Me vi desplazada de uno de los lugares donde más cómoda me sentía en esta casa y nuestros seis gatos, mascotas que robaron nuestros corazones durante su ausencia, se encontraron de un día al otro, no solo echados de la cama de mi mamá y otros muebles, sino confinados al jardín sufriendo el calor al rayo del Sol, el frío e incluso la lluvia, recortándose también la cantidad de alimento que consumen puesto que las horas que pueden pasar dentro de la casa son escasas (recordemos que los gatos son animales que necesitan alimento constantemente). Tuvimos que modificar muchas costumbres para que él, el hombre que estuvo casi dos años lejos de esta de casa se sintiera cómodo, "para que vuelva a ser como antes". El horario de las comidas y el tipo de las mismas cambió radicalmente, los días y tiempos de limpieza son otros, el modo en que puedo vestir dentro de casa, las horas que en que puedo estar tranquila y en silencio en tal y cual habitación, las tardes de tereré con mi mamá ya casi no existen, las injusticias que ahora se comenten contra gatos que fueron criados de un modo que ahora resulta ser que "está mal" porque a él no le parece correcto que el gato pueda comer los restos de comida que ninguno de nosotros se va a comer, o que está mal que se acueste a dormir en la mesada donde puede estar fresquito.
¿No se dan cuenta que después de dos años las cosas no pueden volver a ser como antes así como si nada?
¿Nadie se da cuenta que yo estaba más feliz hace tres meses que hace tres años? No. La única que puede llegar a detectar que la razón de mi malhumor es mi padre es mi mamá. Y lo sabe. Lo supo desde el momento en que nos dijeron que volvían a estar juntos y que mi padre volvía a casa, los dijo todo cuando vio mi cara y agregó "y si no les gusta, bueno, no pueden echarlo, porque también en su hogar". Así como también sabe y se da cuenta cada una de las veces en que me muerdo la lengua para no gritarle que no él es el rey de la casa y no somos sirvientes para hacer lo que a él le salga de los cojones, o que si no le gusta que la casa no este limpia como un hospital o que los gatos estén acostados en los muebles puede irse en cualquier momento, porque no solo los gatos, sino todos en la casa estaríamos mejor sin él. Pero también sabe que no digo nada de eso por ella.
Hay momentos en los que pienso que no falta nada para cumplir 18 años y poder irme, pero con qué dinero, y lo veo: un año más de secundario, cuatro o cinco del profesorado, Dios sabe cuantos de la licenciatura, y alcanzar tal estabilidad económica para que pueda irme... Muchos años más. Si bien al terminar el profesorado puedo empezar a trabajar de lo que quiero, seguir estudiando me roba horas de trabajo. Y pienso en mis profesores que con casi 30 años y habiendo planeado lo mismo que yo aún viven con sus padres...
Demasiado tiempo.

13 de noviembre de 2014

Solamente quiero llorar y viajar en el tiempo.
Llorar y arreglar lo que hice hace a cinco minutos. Llorar y hacer lo que no hice esta mañana por mi compañero. Llorar y que mi viejo vuelva a estar en su casa en vez de estar viviendo acá. Llorar y adelantar el tiempo y que la presión no exista. Llorar y decir todo lo que no dije en ese debate a principio de año. Llorar y arreglar todo de lo que me arrepiento.

Me siento impotente, no me siento yo. Siento que hubo muchas cosas que pudieron haber sido distintas, y yo acá. Y ellos allá. Y eso tal y cual estaba antes de que yo llegara.

8 de noviembre de 2014

Fue su voz

Hoy mismo volví de Mar del Plata de un... ¿Podría llamarse pre-viaje de egresados? La empresa que nos lleva a Bariloche el año que viene nos llevó este año dos días a Mar del Plata. 
Nos levantamos a las tres de la mañana, fuimos a la terminal y al momento de subir al micro las chicas nos encontramos con algo que, si bien sabíamos iba a estar, no esperábamos fuera así. El coordinador. 
Subíamos de a una, de a una lo conocimos, de a una nos saludó con su sonrisa y sus hermosos ojos, pero todas juntas babeamos. Salimos, comenzamos el viaje, y a los pocos minutos nos enteramos que nos faltaba algo: nuestro coordinador junior. Ahí fue que lo conocí. 
Paramos en una estación de servicio y él subió, nada prometedor. Muy flaco, a diferencia del otro no daba indicios de gimnasio alguno, unos ojos que se achinaban cada vez que su enorme boca sonreía, una edad indescifrable, a pesar que sabíamos que por ser junior no era mucho más grande que nosotros, y un olor a cigarrillo terrible. No se presentó hasta que pisamos el hotel, y aún así siguió distante hasta la tarde -luego nos enteramos que eramos su primer grupo y atribuimos eso a su comportamiento.- Fue en la tarde que se animó un poco más. Un entrenamiento de cinco minutos y ya nos tiraba toda la onda encima.
Volvimos de la actividad de ese día y todas andábamos de cuarto en cuarto hablando del coordinador , de sus brazos, de sus ojos, de su onda, de su sonrisa... Es muy lindo, y lo sé y lo dije, pero el otro, por alguna razón que ese momento desconocía, no me dejaba de llamarme la atención y sin embargo, eso lo callé. (hago un inciso acá para aclarar que cuando diga tan solo "coordinador" me estaría refiriendo al primero y cuando diga "junior" al segundo).
La noche cayó y salimos de fiesta. Le puso toda la onda, toda la energía, nos hacía reír, hizo su trabajo como tenía que hacerlo. Era un flaco completamente simpático, divertido, oportuno en lo que dice, no podía no fijarme en él. Pero tenia que haber algo... Era raro que estando el otro, le prestara tanta atención a él. 
No lo supe hasta la mañana siguiente, cuando los estruendosos golpes dieron contra la puerta de mi habitación. Mi amiga, digamos... No estaba "presentable" para abrir la puerta, así que me levanté, y abrí la puerta. Buen día chicas, ¿todo bien? Era eso. Era su voz y no me había dado cuenta.
Áspera, pero sin ser rasposa, sin que te de esa sensación de que se está destrozando la garganta, de que se está quedando sin voz; grave, pero sin exagerar, recordemos que es joven; y relajada, como invitándote a seguir lo que te diga, a unirte a sus planes. Esa misma tarde, agarró la guitarra y se puso a cantar. Es increíble lo hermoso que pueden sonar ese tipo de voces. Igual de increíble a como son arruinadas.  
Lo seguí con la mirada la mitad de esa tarde, lo acompañé junto con un grupo de amigas el resto de la misma, intenté llamar su atención en el boliche...
Fantaseé mucho. Pero por supuesto apenas me miró, estoy acostumbrada. 
Para el caso, tampoco voy a volver a verlo y, de hacerlo, dudo que se acuerde habiendo tantas otras en el grupo. Sin embargo, todavía tengo su voz en la cabeza y no puedo hacerla salir.

1 de noviembre de 2014

Recuerdan ese fantástico padre que describí hace casi una semana? Vuelve a casa.

Mis padres se arreglaron. Aparentemente con es mística capacidad de esconder todo a sus hijas sin importar si les hacen bien o mal, lo hicieron. De un día para el otro pasé de tener un 2015 planeado a grandes rasgos a volver a mi futuro incierto de todos los años.
Mi hermana lloró, él lloró, yo quería llorar de frustración. Me tragué mis lágrimas, por ellos, en principio, y más tarde para que no crean lo que es. Ahora me tienen limpiando la casa tirando cosas que desde hace miles años quiero tirar, para guardar en algún lado las cosas de su departamento. Me duelen las piernas como no lo hacían desde hace años.

No sé si bueno o no el hecho de que vuelva a casa. Espero que después de este tiempo separados repare sus errores, no solo maritales, si no también con nosotras sus hijas.
Espero, sin embargo no confío ni creo. Lo que si está claro, es que la confianza que perdí en él, no va a volver, y tampoco quiero que lo haga.

26 de octubre de 2014

"Mandale un mensaje a tu papá..."

Mi padre y yo nunca fuimos unidos.Es más, creo que rozamos la categoría de "desconocidos" para el otro.
La gente siempre dice "no es que no le importes, él está trabajando todo el tiempo para darte de comer" y bla bla bla. Eso lo tengo claro, pero que trabaje no significa que no puedas hablar con tu hija aunque sea.
Él no me conoce y tampoco de muestras de querer hacerlo. No le pido que se interese en lo que digo, pero algo menos finja escucharme.
Cada cosa que intenté para acercarme siempre las evade, las posterga o las ignora. "Pa, quiero aprender a tocar la bateria.", "Pa, quiero que me enseñes a tocar la guitarra", "Pa quiero que me enseñes a tocar el teclado", "Pa, me tenés que enseñar a manejar", "Pa, quiero tocar el bajo". Y solo escuché de respuesta: "Si si, cuando vaya a clases te averiguo", "Si si, cuando vuelva de trabajar todas los noches nos sentamos y te enseño", "Si si, todos los domingos vamos a sentarnos con el teclado para que aprendas", "Si si, cuando sea verano y no ande tanta gente por la calle te enseño a manejar", y a lo del bajo, silencio. Tuvo que decirle mi vieja que quería tocar el bajo para que me tomara en serio y, cuando pensé que por fin iba a pasar, empezaron las críticas: "¿Para qué querés tocar el bajo?", "No tiene sentido", "¿A quién te querés  parecer'", "No entiendo por qué querés aprender eso". Perdoname papá, pensé que amabas la música.
Con mi  hermana la historia es diferente. La que la abuela adoraba porque era hermosa, flaquita, simpática, sabía dibujar, pintar, bordar... Para él, la artista que canta hermoso.
La separación de mis padres no ayudó tampoco, triplicó la distancia entre mi padre y yo. Me sentí libre al no tenerlo en casa. Pude bailar, cantar, gritar, llenar todo de pitura y retazos de tela, ir vestida como quería -si quería vestirme-, descalzarme, tirarme donde hiciera más frío o más calor sin importar si ese lugar no era una cama, hacer todo lo que no podía hacer antes porque a él le molestaba. Y todo era más tranquilo y me encantaba.
Ahora todos los domingos, exceptuando algún que otro día que "se sienta mal", tengo que sentarme en la misma mesa que él con mi hermana, mirando mi plato mientras escucho como hablan de canto y música como si no estuviera, esperando mi turno de contar algo que me hubiera ocurrido en la semana, para que, cuando empiece, él tome su celular y deje de oírme. Lo comprobé, puedo preguntarle tres mil veces algo mientras estoy hablando y él ni siquiera levantará la cabeza. Pero después habla con mi mamá porque está deprimido, y pasa como hoy que no almorzamos con él y ella nos pide que le mandemos un mensaje diciendo que lo extrañamos y en mi interior solo pienso en cómo voy a montar una mentira tan grande.
Debería mandarle el mensaje igual, no deja de ser el hombre que me alimenta y que me dio la vida... Pero por qué tengo yo que preocuparme por él cuando él no se preocupa por mi? El tampoco me manda un mensaje preguntándome cómo estoy, o cómo me está yendo en la escuela, a estas alturas ya no pido conversaciones profundas.
Ya... Lo pensaré un rato más y veré que hago.

20 de octubre de 2014

Deum et animam scire cupio; nihil aliud

Desde medianoche el tema rondaba por mi cabeza, una hora más tarde decidí escribir sobre esto acá. Hoy no fui al colegio, pero igualmente me desperté a las 7.00 y a las 7.40 me decidí a levantarme para poder hacerlo. Son, en este momento en que me siento y empiezo, las 8.39, y solo pienso en Sábato y su célebre frase "No se debe escribir si un tema no acosa, persigue y apasiona". Pero termino este párrafo y me bloqueo, para finalmente decidirme a empezar mi relato de forma clásica; por el principio.

Era de noche y, en vez de estar durmiendo, hablaba con mis amigas sobre religión. Tal vez un tema extraño para unas adolescentes, pero no para nosotras. Nueve mujeres de distintas edades, distintas partes del país, acentos, costumbres e incluso religiones, o creencias. Pero unidas sobre todas las cosas. La charla de esa noche me recordó por qué creo en Dios, y eso es lo que vengo a contar esta vez.
Me crié creyendo por costumbre. Padres católicos, abuela super-católica, escuela de reliogiosas... Mis compañeros de clase y yo creíamos por costumbre, como dije antes mi caso, o no creíamos, por rebelión. Nos pasamos la vida oyendo en la escuela "tenés que creer porque Dios esto y porque Dios lo otro". De niños eso convence pero uno crece y, como todo adolescente, duda, y no sabe si cree o no cree. Ahí es cuando tomamos esa postura de costumbre o rebelión. Costumbre porque es lo que escuchamos toda la vida; Rebelión por ir en contra de lo que escuchamos toda la vida. Vivíamos en ese debate. Uno que debíamos resolver a solas, pero teniendo a medio mundo que conoces encima, chapado a la antigua, diciéndote que tenés que creer en Dios, hacerlo no resulta sencillo.
Las cosas cambiaron cuando llegamos a tercer año del secundario. Nos asignaron un profesor de formación religiosa prácticamente nuevo en la escuela, muy joven y con un nuevo enfoque de la materia. Este nuevo enfoque suponía para nosotros un cambio importante en la manera de trabajar y junto con su exigencia solían desembocar en discusiones. Él y mi curso, exceptuando algunas personas, se llevaban muy mal.
Fue un día que uno de los chicos le preguntó qué haría o qué pasaría si Dios en realidad no existe, nunca sabré si quiso ponerlo a prueba o si solo quería perder tiempo. El profesor detuvo su clase, y simplemente le contesto que no le importaba, que no consideraba una pérdida de tiempo haber hecho las cosas bien aunque fuese impulsado por una mentira. Pero una de las frases que me quedó más grabada y que creo puedo incluso citarla textual fue: "Ustedes pueden creer o no, nadie lo obliga. A mi me hace bien pensar que Dios existe. Ustedes verán después si lo hacen, es cuestión de tiempo."
Nos dio libertad, ese espacio que la otra gente ocupaba. Y después de eso cada uno pensó y reflexionó. Algunos no lo oyeron y hoy siguen sin saber qué hacer, muchos otros todavía siguen pensándolo. A mi por mi parte no me tomó mucho tiempo.

Tal vez no me apegue a las costumbres y tenga un par de ideas propias y cosas que cuestionar, pero a mi me tranquiliza creer en Dios. Por algo somos y hacia algo vamos, y pensar que de ese algo del que vengo es solamente un coincidencia física y que ese algo al que voy es la nada me desespera.

25 de septiembre de 2014

Mencioné alguna vez a mi profesor?

Mi profesor.
No sé si me gusta, no sé si lo quiero, no sé si lo admiro. Sé que para mi es un ejemplo a seguir... pero ¿por qué exactamente?
Como profesor; una paciencia, una claridad, una capacidad de transmisión asombrosa, joven pero con un carácter que te prohíbe pasarle por encima y, por último, una pasión por su materia y una dedicación y confianza a sus alumnos -y ex-alumnos- admirable. Como persona; bajo perfil, humor negro y una sinceridad siempre bien usada. Tal vez, una autoestima un tanto baja, pero se le olvida al pararse frente a sus alumnos. ¿Cómo es físicamente? A mi parecer, la personalidad hace a un lado su cuerpo.
No suena tan asombroso, ¿no?
Tal vez sea el hecho de que cada vez me encamino más al  profesorado y no al diseño... Pero no sería una teoría tan válida, porque no es mi único profesor hombre, ni el único del cual he aprendido muchísimas cosas, de la materia y de la vida. Sin embargo lo siento diferente.
Tal vez me veo reflejada en él.

Tal vez me veo reflejada en él...
Ese pensamiento no llegó a mente sino hasta el momento en que lo escribí. Ahora no sé si eso es algo bueno o no. Las ideas e hipótesis se embotan en mi cabeza. Comencé esta entrada con una idea fija, pero ésta no resultó serlo tanto. Entro en pánico y comienzo a hacerme preguntas para ver qué quitar y qué dejar en este post y, principalmente, cómo seguir y terminar.
¿ Nos parecemos? Me miro hacia dentro y lo veo. Humor negro, perfil bajo... el resto no coincide. ¿Y como profesora? No lo puedo saber, pero si me encantaría tener algo de él como docente.

Y escribo, y releeo, y borro, y vuelvo a escribir y releer, y me vuelvo a preguntar... Y sigo sin saber.

16 de septiembre de 2014

El valor de la palabra

Tal vez sea una persona de valores muy fuertes, pero hay ciertas cuestiones que, hablando bien criollo, me dan por la bolas.
No me digas que vas a hacer tal cosa si no la vas a hacer, porque voy a confiar en que voy a tener lo que me prometiste cómo y cuándo lo prometiste y no lo voy a hacer por vos a menos que haya razones justas. Confío plenamente en lo que una persona dice, porque es lo que yo hago.
La palabra es la ley del hombre, los hombres somos palabras.Y la decepción que me provoca que una persona se falte a sí mismo es enorme, porque es estar despreciándote. Porque es hacer caso omiso de uno mismo.
Tal vez sea una persona de valores muy fuertes en una sociedad que echa todos los valores a bajo.

7 de septiembre de 2014

Valor en las venas, solo una más que desea animarse a todo

Tan solo dieciséis para diecisiete. Una hermana cobarde pero amada, un padre que no me conoce y no da muestras de querer hacerlo, una madre asombrosa, una escuela un tanto particular, odiada por muchos y amada por mi, profesores que van de frente y sacrifican dos o cuatro horas semanales por un curso que ha llegado a ser clasificado por algunos como "el peor curso que vi en la vida" y profesores que nos han clasificado así y de dieron por vencidos. Y amigas. Amigas por las que daría todo para verlas bien y amigas que dicen serlo cuando en realidad solo son "amigas"

No creo ser una más del montón; sé que lo soy. Pero ésta del montón quiere hacer todo lo posible por no dejarse alienar por el resto del "montón", por ser fiel a su esencia y mantenerse en el camino de la felicidad.

Bienvenidos a mi historia.